CUANDO DIGO MADERA, DIGO GUITARRA. Obras de Lucas Braulio Areco

Autores: Luis Zanazzo - Jorge Cardoso

Editorial: Editorial Universitaria de Misiones. Colección Fusas Confusas

Año: 2010

PRESENTACIONES

   El material que aquí se presenta emerge de la necesidad de rescatar, difundir, afianzar e integrar  las obras  para guitarra de compositores misioneros, inmersos en una realidad que nos pide  profundizar sobre lo nuestro.

Pretendemos recuperar las composiciones que no han sido conocidas a través de publicaciones especializadas, divulgar nuestra música muchas veces desconocida mas allá de los límites de la región, apuntalar el repertorio folclórico compuesto para este instrumento, e  incorporarlas al acervo guitarrístico nacional e internacional.

Creemos estos valores no pueden estar ausentes, ya que juntos contribuirán a enriquecer y fortalecer las raíces identitarias de esta vasta región cultural.

Luis Zanazzo

 

   Misiones, antigua y extraña región, alumbró las más más diversas creaciones. Su poderosa calamita atrajo a curiosas personalidades de las artes y las ciencias. Una cultura autóctona, la de los guaraníes, sedujo a los jesuitas españoles. Se instalaron aquí adaptándose y adoptando la vida local en todas la manifestaciones y con todas sus consecuencias, sin lo cual sus proyectos hubieran sido impracticables. Junto a la fe cristiana trajeron la lengua y los conocimientos occidentales, cuyos frutos dejaron una marca indeleble en las tradiciones regionales. La escritura y la imprenta, la música y sus instrumentos, la ciencia y los artefactos para indagar la naturaleza.  

Cuando llegaron sabios como Amadeo Bonpland (Bon-Plant)  y Martin de Moussy ,  Misiones era más grande de lo que es hoy. Más tarde pintores, poetas, escritores, artesanos y músicos claudicaron ante el hechizo del rojo y del verde y produjeron lo mejor de sí en esta tierra.

Una gran cantidad de inmigrantes fue llegando a Misiones desde principios del siglo XX. De diversos y lejanos países, traían consigo culturas ajenas que de inmediato fueron mezclándose para a dar a luz una nueva identidad. Antes como ahora el gran río, el terciopelo verde de su selva, la tierra colorada, sus pájaros, las flores y la gran catarata por un lado, el drama de la explotación despiadada en los obrajes por otro, imponían un escenario de excepción para que el hombre de Misiones labre su historia y dignifique su cultura a la espera de que algún día se cumplan sus expectativas. Un paisaje, una maraña de excepción para forjar creadores dispuestos a bucear en el alma del hombre y su misteriosa circunstancia.

A todas estas cosas Areco no podía ser insensible. Por esos las testimonió como nadie a través de su música, sus pinturas, tallas y esculturas, con sus poemas y escritos y, por si fuera poco, con su fecunda labor cultural desarrollada como hombre público. Este sabio renacentista, intelectual y trabajador, fue sin duda el artista más completo de nuestra tierra. 

Yo no lo sabía cuando, con 10 años de edad, comencé a estudiar guitarra con él. Don Areco enseñaba, sin saberlo, de acuerda a modelos tan viejos como el que reseña Gaspar Bartolomé Sanz y Celma en su libro Instrucción de música sobre la guitarra española, publicado en España en 1674. A saber, de oído, por imitación. Primero los acordes y luego rasgueos de nuestros ritmos más queridos. Y de inmediato a puntear, que para eso los alumnos van a aprender a tocar. Asistí durante cuatro años, junto a amigos de la infancia muy queridos como Miguel y Roberto Mazal y Coti Nosiglia. Cuando me presenté, por quinta vez me rechazó respetuosa y amablemente, argumentando que ya me había pasado todo cuanto sabía y que debía buscarme otro profesor que me enseñe “música”, es decir solfeo y demás yerbas de la enseñanza académica. Pero en Posadas no había.

Desde entonces guardamos una relación estrecha y profunda. La admiración y veneración que sentía por él al mismo tiempo enlazaba con una profunda amistad que duró hasta su muerte. La correspondencia y las numerosas anécdotas que lo atestiguan no serán narradas aquí porque éste es un libro de música, de la suya. Si debiera hilar fino y sin rodeos para definir de qué manera influyó en mí, basta con afirmar que, entre tanto y tantas cosas, me enseñó a aprender. Y esto sólo saben hacerlo los verdaderamente grandes.

Jorge Cardoso

 




LUCAS BRAULIO ARECO

   Nació en Santo Tomé (Corrientes) el 26 marzo de 1915 y falleció en Posadas (Misiones) el 23 de julio de 1994. Residió en Misiones desde el año 1923.
Multifacético hombre del arte. Músico solista de guitarra y arpa india. Compuso más de medio centenar de obras para guitarra y algunas en arpa para ballet sobre leyendas regionales
Actuó en centenares de presentaciones, recitales, audiciones radiales. Como solista de guitarra y arpa, grabó en el pequeño estudio posadeño Ultra Vox dos discos de larga duración para el sello discográfico Odeón: “Selva y guitarra” (1959/60) y “Misiones, su música…” (1962). Casi una década más tarde, Odeón/Emi puso en circulación una placa de reposición con una selección de las dos grabaciones anteriores, que en ese entonces se encontraban agotadas; ese álbum de colección se tituló “Penas de caminante” (1971). Su última producción fue el casete de grabación “Cuerdas misioneras” (1992), que editó la tradicional disquería posadeña “Rincón Musical”, por iniciativa de su propietario Celio Clausen. Algunas de sus obras como Misionerita (Galopa Regional) han obtenido vasta repercusión nacional e internacional.
Presentó en Simposios del Litoral realizados en Posadas, entre otros trabajos, dos de enjundia esclarecedora: “La galopa regional” y “La polca en el área guaranítica”.
En la función pública se desempeño como Director del Museo Municipal de Bellas Artes, Director de Cultura de la Municipalidad de Posadas, Delegado en Misiones del Fondo Nacional de las Artes, Director General de Cultura de la Provincia, entre otros. Creó la Orquesta Folklórica de Misiones (1962) y en 1963 fue organizador del Primer Festival de la Música del Litoral. Recibió numerosas distinciones y reconocimientos.